Insertamos a continuación como síntesis hermosísima de la vida, muerte y milagros de este insigne religioso, el precioso cuestionario redactado por el Maestro Fr. Juan Vicente Catalán, calificador del Santo Oficio, Regente de estudios y síndico del Real Convento de Predicadores de Valencia. Hizo dicho cuestionario para que los testigos interrogados pudiesen contestar mejor, en el proceso incoado para su beatificación.


Se presenta aquí con sus correspondientes artículos:
1º. Que en esta ciudad existe un convento de Predicadores, con más de 120 religiosos, y entre ellos hubo y hay siempre muchos aventajados en letras, en predicación y santidad.
2º. Que en dicho Convento tomó el hábito, profesó, murió y está enterrado el bendito P. Fr. Domingo Anadón, habiendo venido a esta ciudad, para este fin, desde su tierra, que es el lugar de Loscos, de la comunidad de Teruel, en el Reino de Aragón.
3º. Que todo el tiempo que vivió dicho Santo fue muy religioso, amigo de la observancia regular, así en la de los tres votos de obediencia, castidad y pobreza, como en la de su Regla y constituciones de la Orden.
4º. Que fue muy buen cristiano, de singular fe; y así la predicaba y enseñaba, y era devotísimo de la Trinidad y de los Santos; y por su esperanza cierta y caridad fervorosa, como verdadero discípulo de Cristo, menospreciaba todo lo que no era Dios, y guardaba la ley evangélica y se ejercitaba en actos de virtud y exhortaba a ella para alcanzar el cielo.
5º. Que fue toda su vida muy dado a la oración y contemplación y tenía diferentes devociones y ejercicios y procuraba que todos hicieran lo mismo.
6º. Que toda su vida fue gran estudiante, leyendo siempre la doctrina de Santo Tomás, bastante docto, buen confesor y predicador devoto, enseñando el camino del cielo, con la abundancia de fervor de espíritu y de la ciencia de los santos de que él tenía muy llena el alma.
7º. Que con todo lo dicho fue muy humilde y se señaló en esta virtud grandemente, en especial siendo portero y limosnero de dicho Convento, por espacio de 44 años, con admirable ejemplo, honra de esta casa y consuelo de cuantos venían a ella.
8º. Que huyó de las honras humanas siempre que se las querían dar, cualesquiera personas que fuesen, y en todas las ocasiones y lugares que eso se procurase.
9º. Que con tenacidad amansó a las almas y con la piedad los cuerpos, y así siempre en la portería primero decía la doctrina, la Salve y los Gozos de N. Sra., cantándolo con los pobres, predicaba o en particular exhortaba y después daba limosna; y lo mismo hacía en las cárceles y en los hospitales, todas las veces que iba, que eran muchas
10º. Que siempre que iba de camino guardaba el mismo orden de vida, de oración, de recogimiento y de la misa, como en el convento; y se ejercitaba en hacer pláticas y dar limosnas, doquiera que llegaba, en especial si era convento de su Orden.
11º. Que aunque nunca iba fuera de casa a visitas, sino por obediencia o caridad, por ella iba con mucho gusto a visitar enfermos y afligidos y a todos daba consuelo espiritual y el temporal que podía.
12º. Que sin las virtudes propias le dio Dios algunas gracias, gratis datas, como fue don de profecía, conocer los corazones, saber cosas ocultas, para bien de los prójimos, y muchos milagros, multiplicando muchas veces el pan y limosna para los pobres, curando muchos enfermos y por medio sobrenatural remediando muchas necesidades.
13º. Que por las dichas cosas y otras semejantes era tenido por siervo de Dios y acudían a él de todo estado de personas a pedir sus oraciones, algún consuelo y su bendición; y le veneraban de manera que con título de piedad y limosna le pedían de los rosarios o pan de los pobres y lo guardaban como reliquias; esto distintos Prelados y personas eclesiásticas y príncipes del mundo y aun de la sangre y casa real de su Majestad.
14º. Que tuvo graves enfermedades de dolor de hijada, una llaga en la pierna muchos años, herido de peste y llagas en las espaldas, causadas de las disciplinas que se daba, cilicios que traía y otras rigurosas penitencias que usaba.
15º. Que en la última enfermedad confesó y comulgó muchas veces y con el viático y extremaunción y grandes muestras de favores de Dios y regalos del cielo y certeza de su gloria, murió.
16º. Que antes de morir asistían muchas personas de calidad, eclesiásticos y seglares, por la devoción que le tenían; y muerto lo llevaron con las andas sobre sus hombres a la Iglesia, donde hubo gran concurso de gente, procurando besarle manos y pies, tocarle con rosarios, llevarse reliquias suyas y teniéndolo todos por santo lo reverenciaban; y fue, con la mayor honra que pudieron, enterrado en el carnero, donde han estado los otros santos, que en dicho convento se veneraban.
17º. Que dos años después de su muerte, por crecer la devoción del pueblo y la fama y la santidad y milagros de este bendito padre, se le hicieron sus honras muy solemnes, con orden expresa del ilustrísimo Patriarca y Arzobispo de esta ciudad, D. Juan de Ribera, Él predicó en ellas muchas virtudes y grandes alabanzas del siervo de Dios, mandó venir la capilla y música de su Metropolitana Iglesia; y que se entonase misa de todos Santos. Díjola el Sr. Obispo de Orihuela, D. Fr. Andrés Balaguer, y estaban presentes el Sr. Obispo Galatino, de la Orden de S. Francisco; el Sr. Obispo de Albarracín, D. Vicente Roca; el marqués de Villamiser, Virrey y Capitán General de este Reino por su Majestad; los marqueses de Maza y Guadalest, muchos títulos y caballeros, los Jurados de esta ciudad y mucha gente, continuándose desde entonces cada año, su memoria el día de su muerte con grande concurso de gente perpetuamente.
18º. Que después de su muerte en esta Ciudad y Reino y también en otros, hay muchos que se encomiendan a él y dicen haber alcanzado muchas mercedes milagrosas por su intercesión y traen imágenes de plata, cera y tabletas en memoria a este convento. Piden se le haga sepulcro particular, y desean licencia para venerarle como santo.43

Razones suficientes que sin embargo no fueron tenidas en cuenta y por las que hoy no puede venerarse en los altares a este humilde hijo de Loscos -tan famoso en Valencia y recordado en su pueblo- y uno de los santos varones que más honraron con su santa vida a la Orden de Predicadores.