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LOSCOS
Lugar
de la provincia de Teruel, situado al pie de la Sierra de Cucalón,
junto al río Pilero.
Habitantes: 298.
Altitud: 981 metros sobre el nivel del mar.
Dista de Teruel 117 kilómetros.
Gentilicio: losquino.
En
las estribaciones de la Sierra de Cucalón se configura otra inferior,
la de Modorra, a cuyo pie se asienta el casco urbano de Loscos, sobre la
margen izquierda del río Pilero, tributario del Cámaras. Es un
paisaje, pues, serrano y agreste, aunque con atisbos de llanura ribereña.
Dentro
del término municipal existen testimonios prehistóricos que datan de
5000 años antes de Cristo. El primitivo poblamiento hay que buscarlo,
con toda seguridad, en torno al monte que ahora corona la ermita de
Santa Águeda, con su zona acuífera y la partida de El Sabinar.
Aldea
de la comunidad de Daroca, sesma de Trassierra, formó ayuntamiento
propio en 1834, y en 1896-1970 se le unieron El Colladico, Mezquita de
Loscos y Piedrahita.
En
los siglos XIV al XVI, según información facilitada por Ceferino Carbó
Lomba, el arzobispado de Zaragoza poseía en Loscos un edificio-granero
en la casa conocida popularmente por el nombre de “La Parra”. Por
entonces contaba el lugar con dos hospitales,
el de los vagabundos y el de los habitantes permanentes; dos
fuentes, la de la plaza y la de San Roque, y dos escuelas, hoy
desaparecidas.
Cuando
se despobló el vecino lugar de Mercadal, le correspondió a Loscos
quedarse con la ermita de San Miguel y su correspondiente pila bautismal
para la zona de la Pardina. El edificio de la citada ermita es de
mampostería, del siglo XVII, y consta de una sola nave con cabecera
circular. Cerca del pueblo se levanta
también la ermita de San Roque, obra barroca del siglo XVIII,
con planta cruciforme regular, y cubierta por cúpula sobre pechinas y bóveda
de lunetos decorados en los brazos. Fue incendiada durante la guerra de
1936. En cuanto a la ya mencionada ermita de Santa Águeda, tiene origen
románico y se decoraba con unas pinturas actualmente desaparecidas,
debido al descuido y la insidia de muchos años.
La
iglesia parroquial está dedicada a San Andrés apóstol y es un
edificio de fines del siglo XVIII, de mampostería, con una sola nave y
dos capillas. Se cubre con bóveda de lunetos, a excepción del crucero,
que lo hace mediante cúpula. Tiene coro en alto. A los pies, en el lado
del Evangelio, se levanta la torre campanario, que es muy esbelta de
tres cuerpos, de mampostería y ladrillo. El interior fue desmantelado
en 1936. Destaca un retablo neobarroco, correspondiente al mismo siglo
XX, procedente de Burbáguena.
Tras
los avatares de las guerras pasadas –de la independencia, la de Cuba y
la Civil de 1936-, se ha encarado el presente impulsando buen numero de
mejoras: nuevas escuelas y casas para maestros, dispensario y casa para
el médico, nuevos lavaderos, asfaltado de la carretera de Ferreruela y
abastecimiento de agua corriente a domicilio.
Ceferino
Carbó habla de las costumbres y tradiciones, y destaca la denominada
Fiesta del Fuego, que es para San Antón, el 17 de enero, con actos en
las calles y las famosas siete vueltas a la iglesia y al peirón del
santo, con los animales. De la misma forma, en primavera tiene lugar la
Fiesta del Amor, con las típicas enramadas en la noche del sábado al
domingo de Pascua Florida, en que los mozos colocan ramos, generalmente
de almendros en flor, en las puertas de las mozas que pretenden y así
el domingo, durante el rosario de la aurora, existe la natural expectación
y curiosidad por saber como han sido manifestados los sentimientos de
unos y otros y de que lado se inclinan las preferencias. Si a la salida
de misa mayor la moza que ha sido objeto de enramada se hace cargo de
ella y entra en el corral, será señal de conformidad, por lo que a
continuación se apresurará a llevar el roscón de Pascua al domicilio
al domicilio del mozo que le colocó la enramada. También se enrama con
encina la plaza de la iglesia, para la procesión, y dos chopos bien
altos dan escolta a la puerta del templo. El lunes de Pascua se celebra
la fiesta del venerable Anadón, en la que sacan la imagen
procesionalmente y la pasan por delante de la casa donde nació el
singular religioso. En tiempo de romería, llegado el mes de mayo se
peregrina a las ermitas de la Virgen del Carrascal, de Santa Águeda, y
San Miguel.
También
se celebran fiestas en honor de San Juan, de San Roque y de San Andrés.
Lógicamente,
entre los hijos ilustres de Loscos hay que citar en primer lugar al
venerable fray Domingo Anadón, que fue pastor en su infancia y a los
veinticinco años ingresó en la orden de Predicadores, en Valencia,
donde se ordenó sacerdote; a lo largo de cuarenta y cuatro años ejerció
de portero y limosnero; vivió en olor de santidad y murió el 28 de
Diciembre de 1602. Luego, aunque anteriores en el tiempo, hay que citar
a Mateo de Loscos, que fue cobrador de impuestos del rey de Aragón en
Mallorca, en 1466; Pedro de Loscos, proveedor real en Mallorca, y Juan
de Loscos, que obtuvo permiso de Fernando V para levantar ejércitos,
privilegio muy singular en aquellos tiempos, dado que el hecho se
produjo el 15 de noviembre de 1503. De época más reciente son
Francisco Lorente y García, presbítero y escritor; Pascual Rabadán,
canónigo catedrático del Seminario y Eusebio Solanas, autor de un
interesante trabajo sobre la administración municipal.
Zapater,
A., 1988. Aragón Pueblo a Pueblo, t.VI, Zaragoza, pp.1520-1521
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